Una conquista.
Un paso más hacia esa dirección: la conquista de mi misma.
Una dirección que decidí tomar hace muchos años pero que hoy se ve clara, se siente real. Se siente acompañada. Una afortunada sincronicidad de destinos.
Se hace más tangible, más fuerte porque la energía de las mujeres está en franco movimiento. Es una delicia.
Es una avanzada hacia el lugar que se nos debió haber sido otorgado por el solo hecho de haber nacido. Pero no fue así.
Muchas, vivimos la desilusión de nuestro padre, nuestros padres o familias por no haber nacido varoncito y por supuesto, todas las consecuencias que conllevan un desencanto tan lamentable. No dejando de lado el, tan últimamente mencionado, entorno patriarcal que nos obligaba a recordarlo a cada instante.
Esta conquista, más que nunca, se trata de una conquista de nosotras mismas. No tiene que ver con lo que se nos quiera conceder, es con lo que nosotras nos queramos otorgar.
No es que se nos de permiso. Es qué permisos yo me quiero dar a mi misma.
No es qué deseos nos quieran cumplir. Es qué deseos nos queremos cumplir a nosotras mismas.
No es qué oportunidades me brindan. Es qué oportunidades me genero.
No es para nada qué sueños se me pueden realizar. Es para qué sueños trabajo.
Yo, decido trabajar por mis sueños.
Yo, decido generarme oportunidades.
Yo, decido qué deseos me cumplo.
Yo, decido qué quiero hacer y cómo lo quiero hacer.
¿Qué significa este #9demarzo?
Mi conquista.
Yo, me conquisto a mi.
Yo, me tengo a mi misma.
Y si cuento conmigo, cuento con lo más valioso con lo que siempre pudiera haber anhelado.
Yo.